Tomar el control de la vida, actuar con impulsos.

A lo largo de nuestra vida tenemos dos posibles modos de actuar. O ser reactivos ante una situación o circunstancia y actuar después de que esta llegue a nosotros, o ser proactivos y tomar las riendas de lo que vamos a hacer.
Una buena manera de actuar de forma que luego estemos seguros de que hemos hecho lo que creíamos correto es hacer caso a nuestros impulsos. En numerosas ocasiones sentimos el impulso inicial de hacer algo, pero luego nos frenamos para no llevarlo por algún motivo. Ya sea porque creemos que nos criticarán con fuerza, que no tenemos la habilidad necesaria para conseguir hacer lo que deseamos, que no somos lo suficientemente valiosos para estar en el lugar, con la persona, o el trabajo que nos gustaría, etcétera.
En algún momento del pasado probablemente actuaste de forma impulsiva sin pensar en qué consecuencias podría acarrear a largo plazo seguir esa sensación que tenías. Tal vez un cambio de trabajo, mudarte de casa, lanzarte a por aquella persona que te atraía pero no habías dado el paso hasta ese momento impulsivo o decir que sí a un plan improvisado con el que no contabas y al principio no te apetecía pero cambiaste de opinión. Todos hemos llevado a cabo esto alguna vez en nuestras vidas, y muy seguramente tenemos buenos recuerdos que ocurrieron a raíz de esa decisión inesperada, y que sin ella, jamás podrían haber tenido lugar y aquellos recuerdos serían sustituidos por otros diferentes en los que, tal vez, no llegaras a conocer a personas que ahora sí están en tu vida.
Puedes tener malos recuerdos también de actos impulsivos, un pálpito o presentimiento no tiene porqué necesariamente ser siempre bueno. Pero es bastante probable que tenga más cosas buenas que malas. Siempre que sea lógico, claro, si tu impulso es salir a la calle a buscar montar una pelea porque tienes el impulso de querer adrenalina pura, contente. Seguir un presentimiento no significa actuar sin cabeza ni control. Significa que no sabes a donde te llevará seguir lo que sientes, pero siempre siendo consciente de lo que estás haciendo.
¿Qué nos impide seguir nuestros impulsos?
Cuando queremos hacer algo por primera vez sin saber qué es lo que va a pasar a continuación de hacerlo, nos asaltan pensamientos sobre todas las posibilidades negativas que pueden ocurrir en el peor de los escenarios. Siempre se imaginan cosas mucho más dramáticas de las que tienen una remota probabilidad que suceda. Nuestra mente tiene la fea manía de exagerar las cosas que pueden salir mal y dejan de un lado cualquier cosa buena, prácticamente como si no existiera algo bueno que nos aportase la situación.
El cuerpo nos pide hacer lo contrario a lo que queremos para seguir como siempre hemos estado, evitando la incertidumbre y dudas de qué será lo que pase luego, esquivando por todos los medios que pueda sentirse expuesto a lo desconocido y ser vulnerable ante lo que está ante él.
Te pido una cosa, tan solo una, no dejes que la ansiedad tome las riendas de cómo vas a vivir tu vida. Recuerda que eres tú quien debe decidir como va a enfrentar todo lo que está delante de ti, y que las emociones están para ayudarte, algunas para avisarte de un peligro, otras para que disfrutes del momento… pero siempre para trabajar a tu favor. No dejes que la ansiedad se vuelva la dueña de tus decisiones. Acéptala, compréndela, y sigue moviéndote hacia lo que deseas. Usa las herramientas que te hagan falta, habla contigo mismo/a, medita, utiliza PNL… lo que veas. Pero no te quedes sintiendo que tienes algo que hacer y no puedes. Esfuérzate, y lo conseguirás.
muy buena reflexion; como conjugan el instinto , la intuicion con los impulsos ?
saludos