
Todos tenemos miedo a algo. Aunque sea algo personal y cambie de una persona a otra, compartimos en mayor o menor medida una serie de miedos que resultan bastante frecuentes. El cambio, las novedades, lo inesperado… Tenemos miedos que nos frenan.
Es como si una parte de nosotros mismos, se negara a dirigirse hacia nuevas direcciones desconocidas por el momento. Está tan cómoda y se siente tan a gusto en su zona de acción que se resiste a probar cosas nuevas. Las viejas rutinas y hábitos a fin de cuentas, nuestros viejos conocidos que rechazan dejar sitio a nuevas sensaciones. Que se rebelan a nosotros y en ocasiones acaban, o pueden acabar si nos dejamos influir demasiado por ellos, siendo más dueños de nuestras acciones que nosotros mismos.
Vergüenza, timidez, inseguridad, desconfianza, vulnerabilidad. Son algunas de las emociones que pueden reinar en nosotros si se dejan libres demasiado tiempo. Imagínalos como si cada uno de ellos fuesen un pequeño grupo de, por ejemplo, hormigas. Al principio es tan solo eso, un pequeño grupo. Pero con libertad y sin freno, crecerá hasta convertirse en un gran hormiguero plagado de animales capaces de llenar todo el hueco que esté disponible.
Cuando dejamos que un comportamiento alimentado por alguna clase de miedo tome el control, se estará creando una inercia negativa que acabará por hacer que la próxima ocasión en la que pueda volver a darse ese comportamiento, vuelva a aparecer. Cuantas más ocasiones tenga para aparecer, más veces lo hará. Sencillamente estaríamos creando un hábito, y las personas somos muy dadas a seguir una rutina después de repetir algo las suficientes veces. No importa que sea bueno o malo.
Al dejar que tome el control, perdemos parte de nuestra energía. Dejamos de llevar las riendas de nuestras emociones y dejamos que nos supere una situación en concreto. Lo que además, tan solo empeora la situación pues es probable que en la mayoría de los casos esto nos desanime a la hora de cambiar nuestro comportamiento en esa situación, a volver a tomar el control nosotros.
Entonces, ¿qué hacer?
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